junio 19, 2012

Estructuras seculares


Llegaste en un día pequeño. El sol ascendía gradual hasta el punto más alto del cielo. La luz perforaba la superficie del mar fragmentándola en un enjambre de esquirlas centelleantes. El blanco incendiándose. Brillante. Perturbador. Y en el horizonte, un cortejo aciago de estelas ambarinas. Así debe ser el vacío justo antes de llenarse. Quisiera desprenderme de este ruido continuado, bronco que se sacude en el interior de mi oído izquierdo y diseccionar el movimiento, envasar el artificio, cerrar la isla en un receptáculo de escamas cristalinas y colocarla sobre la palma de tus manos. La luz aumenta. El aire se estrangula y todo a lo lejos se vuelve amorfo, disforme, falaz. Hasta el mar que acaba deshaciéndose en delgadas hebras cerúleas y con ellas, las horas, la lentitud, el ahogo. Y ese lamento. Salgamos a pasear. Háblame de las cosas pequeñas. Necesito respirar. 
Safe Creative #1206191832676

1 comentario:

  1. Un texto bonito y delicado.

    También asfixiante.

    Me encanta el final cuando pides hablar sobre las cosas pequeñas.

    Besos.

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