abril 10, 2013

Ficciones mínimas


Springsteen canta. Su voz se retuerce como un dolor agudo a la altura de mi vientre. Pienso en lo sucio y roñoso que brama el aire. Pero, al mismo tiempo, puedo verlo todo por primera vez. Con una incipiente ansia. Acuosa. Carnívora. Como si una babilónica y clarividente luz blanca iluminase por completo la habitación. Recorriéndome en cada nueva e intensa línea de luz. Atravesándome tras cada nota que se repite cabal y virtuosa. Entonces, llega el reposo. La metálica calma. El aséptico abrazo. Y por fin, la herida. Incisiva. Cruel. Despiadada. La inquietud se enciende. Arde. Como un cielo umbrío y redentor. El mecanismo de la oscuridad dentro de estas cuatro paredes. La noche flotando sobre cordeles de aire y la luna dilatándose en el epíteto kilométrico. Fabricando sueños con el silencio que emana de estas nacaradas y viscosas sábanas y con ese minúsculo temor que cuelga entre mis manos. Mínimas. 
    
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2 comentarios:

  1. Que talento tienes para narrar todo ese remolino de sensaciones: has logrado que el lector se fusione con ellas.
    Genial.

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  2. Talento y magia descriptiva. Gracias por compartir tus letras. Un abrazo!

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